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SUS PERSONAJES: Chaco

Es innegable la fascinación de Robin Wood por el México de Pancho Villa y por aquellos tiempos de difusos ideales y violencia; a lo largo de los años, el guionista aprovechó cuanta oportunidad se le presentó para narrar historias enmarcadas en aquel turbulento período. Y en pleno éxito de su ”Dago”, concibió junto al maestro Alberto Salinas una serie de largo aliento que, tras nueve episodios intensísimos, fue gráficamente readaptada por Carlos Casalla, el recordado creador de ”Cabo Savino”
y ”El Cosaco”. Luego de una importante manija publicitaria a dos páginas en todas las revistas de la Editorial Columba, los lectores de la D”Artagnan se pegaron una de las panzadas de su vida cuando el 12 de enero de 1989 se encontraron con un imperdible primer episodio doble en el Anuario Nro.28 de esa publicación.

Secret Origins
Brett Anderson es un tipo asquerosamente rico y terriblemente afortunado que vive en los florecientes Estados Unidos de América de fines del siglo XIX. Tiene una hermosa esposa y un hijo recién nacido llamado Robert Daniel. Pero cierto día, la suerte deja de sonreírle y unos indios apaches atacan la diligencia en la que viajan la mujer y el niño, y masacran a todos sus ocupantes... salvo a Robert Daniel, pues los apaches aman a los pequeños
y gustan de educarlos en sus costumbres.
El gran guerrero Manuelito -que supo luchar a las órdenes del legendario Jerónimo- adopta a la criatura y lo bautiza con el nombre de Chaco. Chaco crece libre y salvaje en el desierto de Chihuahua, en la zona por entonces endeblemente fronteriza de México
y los EE.UU. Sólo sus largos cabellos rubios, sus ojos claros y sus facciones europeas desmienten
una realidad irrefutable: es un apache, el más bravo de todos.
Pasan los años, y Loco, el líder de la ranchería en la que vive Chaco, comienza a sentir envidia de éste que, ya siendo un hombre adulto, se encarga de que a su tribu nada le falte: la provee de alimentos, ropas, municiones, médicos blancos, caballos, y la defiende de los apacheros (cazadores de apaches).
Es entonces cuando el destino comienza a jugar con sus piezas humanas y decide que se acerquen a la frontera mexicana los sobrinos de Brett Anderson, quien recientemente acaba de fallecer; buscan al desaparecido Robert Daniel Anderson, porque sólo su hallazgo les permitirá apoderarse
de la enorme herencia de su tío, quien había exigido en su testamento
el cumplimiento de esa importante cláusula. Lógicamente, el cadáver del ahora llamado Chaco también les resultaría útil para hacer efectivo el cobro.
Los indeseables Anderson contratan a un ejército irregular mexicano comandado por un tal Mejía y, traición del envidioso Loco mediante, arrasan con la tribu apache, sin respetar las vidas de mujeres, ni de niños,
ni de caciques traidores (lo matan a Loco, también). Sólo salva su vida Mujer-Lluvia, quien huye con medio rostro desfigurado, y Chaco, para quien el obeso Mejía idea una feroz tortura con el fin de vengar a su joven amante (Leonardo), quien fuera destrozado por el indio rubio antes de ser reducido. El renegado es obligado a peregrinar por el desierto con un extraño yugo que lo mantiene con los ojos en alto, a merced del sol, y que le desgarra
los pómulos.
Providencialmente, Mujer-Lluvia libera a Chaco y se lo lleva -con dos flamantes cicatrices y todo- para utilizarlo como instrumento de su propia venganza. Pero hay un inconveniente que excede lo estético: el indio blanco está ciego como un murciélago.
 

Cerca de la Revolución
Huyendo, Chaco y la india desfigurada buscan asilo entre los indios Tarahumara; allí conocen a un mexicano que tiene fama de matrero, y de malo,
y que le dicen Doroteo Arango: también huye, pero de la ley. Este hombre se encarga de que los otros dos fugitivos sean bien atendidos. En agradecimiento, Chaco -aun con su limitación-
le salva la vida a Don Doroteo, y éste decide festejar el acontecimiento cambiándose de nombre:
de ahora en más será conocido como Pancho Villa.
Un tiempito después, un maltrecho alemán
(El Alemán) llega a tierra de los Tarahumara
y comienza a efectuarle curaciones a Chaco.
Aún no repuesto del todo, el apache blanco es conducido por la fuerza a trabajar en las minas de Don Miguel Iglesias. Allí recupera la vista y el tiempo perdido: enamora a Isabel, la hija de su patrón y, luego de poseerla, la desprecia. Finalmente, escapa (algo absolutamente lógico, claro).
Tras mucho deambular -e involuntariamente hacer justicia- su camino vuelve a cruzarse con el de Pancho Villa, quién está combatiendo para poner
al frente de la presidencia de México a Francisco Madero. Como en el bando contrario pelea
"El Degollador" Mejía -uno de los asesinos de la tribu de Chaco-, el renegado se pone a las órdenes del revolucionario mexicano y logra luego eliminar
a su viejo enemigo.
Con Madero como presidente de México, Chaco y su único amigo, el incorregible truhan conocido como "Profesor" Lester Brigham, se larga a conocer mundo. Se reencuentra con Mujer-Lluvia y El Alemán -ahora jefe de los Tarahumara-
y se alegra al saber que vieja tribu no ha muerto: la india desfigurada da a luz un niño del europeo.
De ahí en más, el renegado vive edificantes y aleccionadoras aventuras junto a su fiel "Profesor" hasta que se lo matan, pero Chaco ya no es el mismo: ahora tiene sentimientos. Incluso lo apena presenciar la muerte del presidente Madero por orden del traidor Victoriano Huerta. Y son esos mismos recién estrenados sentimientos los que lo obligan a volver a aliarse con Pancho Villa en su nueva cruzada en pos de deponer a Huerta: lo hace a cambio de la libertad de Isabel Iglesias, aquella muchacha que, años atrás, humillara.
Poco a poco, Chaco hace suya la causa y los ideales de la Revolución Mexicana, termina por encariñarse con Pancho Villa y decide que no es mala idea aprender a leer y escribir.
Casi en contra de su voluntad y sin buscarlo, el ahora capitán de Villa completa su vieja venganza cuando sus enemigos,
ya jugados -los busca la ley por los reiterados intentos de asesinato en contra de Chaco- se presentan ante él precipitando su propio violento final.
De un día para el otro, se halla con la fortuna Anderson en sus manos... pero su amistad con el tosco Don Pancho
y los ideales de la revolución son más fuertes: abandona todo, y se lanza a la aventura.

Numeritos:

  1. Luego de nueve excelentes episodios y reconociendo su imposibilidad de continuar cumpliendo con la periodicidad exigida sin disminuir la calidad de su laburo, Salinas abandonó la serie y pasó la posta a un dibujante que, si bien se encontraba en las antípodas estilísticas de don Alberto, también conocía de éxitos junto a Robin Wood; a partir del episodio diez, Carlos Casalla se hizo cargo del apartado gráfico de ”Chaco” hasta el final de la historia.
  2. Alrededor de cincuenta son los episodios que tuvo la serie entre enero de 1989 y abril de 1995, mes y año en que concluyó gloriosamente.
  3. Sabrán todos los lectores de Wood que este no es el primer apache blanco nacido de su pluma: poco más de veinte años atrás había comenzado a contar las aventuras de su ”Jackaroe”, primero con Gustavo Trigo, luego con Gianni Dalfiume -la deserción de dibujantes en esta suerte de subgénero parece ser ley-. Acaso para rendirle un sutil homenaje, en el primer episodio Robin pone en boca de uno de los villanos la siguiente frase: ”Sé que hay un blanco que vive con los Tarahumara... pero tiene sesenta años...”. Los números cierran.

(Reseña de Ariel Avilez / avilezavilez@yahoo.com.ar)
Agradecemos al Grupo Woodiana por las imágenes.

 
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