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SUS PERSONAJES: ANDERS

Por Ariel Avilez

La estepa rusa parece fascinar a Robin Wood; una y otra vez sus personajes vuelven allí: “El Cosaco” en los ‘70, “Largo Nolan” y “Kozakovich & Connors” en los ‘80. En la década de los ’90, una nueva criatura Woodiana se pasearía por esos parajes: “Anders”. El dibujante elegido por el guionista para acompañarlo en la patriada no fue otro que el genial Alfredo Falugi, artista que venía de romperla en policiales y comedias, pero aún no en historietas históricas o de época; la elección no pudo ser mejor y el impecable y documentadísimo trabajo de un Falugi en su mejor momento queda para la posteridad en veintiún episodios inolvidables en los cuales la calidad se hace moneda corriente del primer al último capítulo.
Publicada en simultáneo en Argentina e Italia, “Anders” llegó a sus lectores locales en diciembre de 1991 en las páginas de la Nippur Magnum Anuario Nº 30 y los acompañó hasta diciembre de 1996.

En casa de herrero...
1914. La Gran Guerra ha comenzado ¿Pero qué puede importarle esto a Anders, un simple hijo y nieto de herreros? Es joven, fuerte, admirado por los niños y amado por las mujeres - por todas-, vive con sus padres y está a punto de casarse con Ania, la hija de Pedro el caldero y la muchacha más bella de la aldea-isla rusa que sólo sabe por cuentos de gitanos que allá, muy lejos, hay gente matándose.
Hasta que cierto día llega a la aldea una avanzada del ejército alemán: prolijamente, de modo impersonal, se instala en el pueblo y confisca lo confiscable. El padre de Anders protesta
-quieren quitarle el vino que reserva para la boda de su hijo y el nacimiento de su primer nieto - y es fusilado acusado sin demasiada convicción de ser un espía moscovita. Ania, la prometida de Anders, se entrega a un joven soldado alemán que, finalmente, termina aburriéndose de ella. ¿Falta algo más para destruir el mundo de Anders? Sí: granadas. El ejército ruso arrasa la aldea pues la sabe ocupada por alemanes. Todos mueren; mujeres y niños incluidos. Sólo sobreviven Anders y el gigante Morel –pobre paria cuyo padre también ya había sido fusilado -, quien salva al primero de ser pasado por las armas.

A mal tiempo...
Así comienza la marcha de estos jóvenes prematuramente envejecidos por la desgracia. Van hacia el este, buscan el sol, el mar y la paz. Atraviesan a pie la estepa rusa. Se espantan al ver decenas de aldeas arrasadas por la guerra; conocen oficiales ansiosos de batallas y soldados hartos de ellas, ven desfilar legiones de desesperados -como ellos- que intentan escapar de la masacre: muchos hayan una única salida en la locura. Pero también se topan con la grandeza: conocen la implacable justicia que imparte en sus tierras un viejo príncipe de leyenda conocido como "El Cosaco", Sacha Veblin.
El largo peregrinar los endurece y los hace astutos. Llegados a la frontera con Mongolia, se enteran no sólo de que la guerra ha terminado, sino que una revolución ha depuesto al Zar de todas las Rusias... y que rojos (revolucionarios) y blancos (zaristas) han encontrado nuevas excusas para empuñar las armas. En este punto, Anders aprende el oficio de maquinista de trenes y rápidamente consigue -por la fuerza- un empleador: la Princesa Tatiana Gavorovski, quien huye de los rojos hacia el este, en su tren privado. El viaje, largo y plagado de peligros, no es aburrido: la Princesa encuentra en Anders no sólo un eficiente empleado, sino también un excelente amante. Y como no podía ser de otra forma, se topan, también, con la Historia: se hacen amigos de un joven chino llamado Mao-Tse-Tung, y fuerzan una incómoda alianza con un tal Trotsky.
Una vez en Asia, la Princesa se separa de Anders y se embarca hacia Francia.

Cría fama...
Las últimas noticias que se tienen de los amigos Anders y Morel datan de China, hacia 1919: son piratas y traficantes de opio bajo las órdenes de la capitana Ojos-de-Hielo, y a la muerte de ésta - ya asumidos como aventureros- se lanzan a la búsqueda del padre de la difunta, con el fin de entregarle una muñeca que la pirata le dejó como única herencia. Y no se sabe más de esta última y extraña misión.

 

Tres cosas más

  1. De los veintiún episodios que componen “Anders”, uno continúa inédito en Argentina, el último, titulado “El Gran Brindis Nocturno”.
  2. El motivo primordial por el cual los autores decidieron no continuar la serie –lastimosamente quedó inconclusa- fue que el éxito alcanzado por otra creación de ambos, “Amanda”, los obligó a dedicarse de lleno a esa serie que requería un episodio semanal de doce páginas y uno mensual de noventa y seis.
  3. El episodio cinco es una fiesta para todo fan de Wood que se precie de serlo: en ‘El conejo de la culpa’, Anders y Morel se hacen respetuosamente a un lado y ceden el protagonismo a Sacha Veblin, ‘El Cosaco’, uno de los clásicos y más grandes personajes creados por Robin allá por 1976 junto con Carlos Casalla. La versión que nos ofrece con Falugi –setentón, canoso y arrugado pero con más astucia y aguante que el Dark Knight de Frank Miller- deja a cualquiera boquiabierto y con ganas de más aventuras del Príncipe Diablo.

(Reseña de Ariel Avilez / avilezavilez@yahoo.com.ar, que agradece la colaboración del Señor Alfredo Falugi)

 
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