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MUNDO WOOD

Robin Wood: “Soy testigo de la maravilla”

El legendario autor de Nippur, llega a Mendoza con motivo de la Primera Convención Internacional de Cómics

La vida de Robin Wood es tan fascinante como la obra que lo convirtió en guionista fundamental de la historieta argentina.

viernes, 11 de junio de 2010

Iluminado por la pc, el legendario Robin Wood teclea su background, desde una habitación endiabladamente ordenada, con paredes forradas de cuadros, portadas de libros y muñecos alienígenas: “soy un lector apasionado de todo lo escrito, sean libros o historietas, y hasta las etiquetas de las latas de comida leo si es necesario".

"¿La primera historieta que me reveló algo nuevo? Hubo muchas... pero aquellas que me impactaron más y las que he seguido religiosamente fueron las de Oesterheld y Pratt (Lord Crack, Ticonderoga, el sargento Kirk y tantos otros con ese dibujante y con muchos otros como Breccia, Solano López y muchos más)".

"Descubrí así un mundo que me mareó y fascinó, la historieta llevada a un nivel artístico único, humano, poético e inimitable. Estoy orgulloso de ser un escritor pero estoy más orgulloso (y agradecido) de haber sido testigo y lector de tanta maravilla”.

Cualquiera que sepa algo sobre Wood ya supondrá la aventura que nos depara “Unicomix” (la Primera Convención Internacional de Comic en Mendoza), que este fin de semana nos trae -en vivo y viñeta- a Chanti, Liliana Bodoc, Andrés Accorsi y al entrañable autor de Nippur, antes de que el 3D continúe hechizando.

Sobre héroes y tintas

La vida de Robin Wood es tan fascinante como la obra que lo convirtió en guionista fundamental de la historieta argentina: se sabe de sus años de cuchillero en el Chaco, de sus corridas de toros en Pamplona, de su encuentro con Oesterheld, sus discusiones en los ’70, y de la versión en cómic de la revolución del Paraguay con la que regresó a las bateas latinas.

Eso, y su cruce del Neguev a pie, su trato con los chechenos en Mongolia, su pisada de junco en la bahía de Hong Kong y su salto en paracaídas durante el campeonato sudamericano en Córdoba. Dijo: “He pasado miserias que desafían la imaginación, he vivido violencia que desafía la imaginación, pero nunca estuve enojado con la vida; veo un cielo azul, una chica bonita y listo. No le tengo miedo a la muerte, he estado cerca de ella muchas veces. Pero me gusta vivir...”

-¿No te tienta la historieta autobiográfica?

-Es un tema muy tocado por otras personas, ya sea en historietas o en libros (se han escrito algunos) o en cine. Nunca lo pensé porque si mi vida fue fascinante lo fue para mí también pero jamás pensé que estaba haciendo algo extraordinario, simplemente la vivía. Creo que me siento incómodo ante la idea de mi vida sobre papel. Además , modestamente, haría falta mucho papel.

Robin no conoció a su padre y casi tampoco a su madre. A través de su bisabuela, que lo cuidó, aprendió el único idioma que ella hablaba: el gaélico. Después adquirió el inglés y el español. Pero de todos modos se convirtió en un lector imparable que, a los 8 años, ya sabía de Simone de Beauvoir y de Hemingway. Cierta facilidad para la escritura lo hizo pasear por los géneros, desde la comedia (Mi novia y yo, Pepe Sánchez) a la ciencia ficción (Starlight, Warrior M). Y su destreza para el guión lo conectó con los mejores dibujantes del cómic nacional: Jorge Zaffino, Mandrafina, Carlos Vogt, Jorge Zanotto, Alberto Salinas y Ricardo Villagrán, entre muchos otros.

Fue en entonces que su cuaderno se convirtió en “su oficina”. Y su viñeta cruzó el mundo: ya que transitó las traducciones y ediciones en Estados Unidos, Europa y más allá. Pero a pesar de que escribe sus guiones en español, acá lo receptamos poco: nunca en Argentina se han publicado las nuevas aventuras de Dago, ni tampoco las andanzas de Hiras, el hijo de Nippur. Y eso que el sumerio errante tiene clubes de fans y hasta su propia página web. “¡El desgraciado ni existió y tiene su página web!”, suele decir Robin, con media sonrisa.

A ver: Las historias de Nippur fueron publicadas de 1967 a 1998, ininterrumpidamente, cautivando a un público fan en la era del lector a kiosko.

Y es sabido que, mucho antes de que el cómic estadounidense se atreviera a ‘manchar’ a sus héroes de cartoon, Wood ya venía escribiendo una historia jodida de héroe sufrido, donde el sumerio (¿sudamericano?) veía a su novia asesinada por salvajes y terminaba tuerto. Más tarde, claro, el guerrero Nippur se tornaría algo más reflexivo, más apacible.

Es lógico que Wood concediera con ternura: “Nippur ya es una leyenda, me superó a mí; él sobrevive y la gente le sigue teniendo un cariño muy particular, muy especial. Muchas veces pregunto exactamente qué historieta suya les gustó y no se acuerdan, porque han leído tanto... Es el personaje, la idea del personaje lo que queda y lo que sigue.”

Otro héroe en desgracia, Dago, aquel noble veneciano del siglo XVI, se convirtió en favorito de los europeos. De hecho, Dago tiene una convención anual itinerante en Europa y los derechos cinematográficos están vendidos a una productora italiana.

Los míticos personajes surgidos de su mente: Nippur, Dago, El nazareno de Gilgamesh, le valieron lectores. Ojo: Fellini dijo de él que le parecía “un espíritu confuso, magnífico y creativo”. Y Umberto Eco, cuya afición a las historietas es conocida, lo tiene entre sus links. Pero si bien Wood no siente la pulsión autobiográfica (a lo Cumb), sí lo seduce la acidez de un Alan Moore y la contraluz de un Frank Miller.

“Lo primero que se me ocurre es la palabra ‘ genio’, luego los divido, porque el genio no es algo de una dimensión sino que hay muchas y cada una diferente de la otra excepto por una sencilla calificación. Más genio. Me gusta inmensamente Alan Moore y he seguido toda su producción ya en cómics como en cine. Vi una docena de veces "V for Vendetta" "La Liga de Caballeros Extraordinarios " y nunca me cansé de ellos. Siempre encontré un nuevo detalle cada vez más fascinante. Para mí Alan Moore es un Caballero Extraordinario en una liga propia. Frank Miller puede ser definido (si alguien puede definir a un creador tan monstruoso como él) con una palabra: es Gótico. Su Batman surge de la oscuridad del misterio, de lo atormentado y rabioso. Así nos hace recordar que es un ser humano atrapado en el misterio de su otro yo, el sigiloso enemigo del Mal. Todo en él podría estar sucediendo en cualquier parte y en cualquier lugar porque Batman es un lúgubre universo por sí solo.”

-¿Cómo observás la escena de la historieta nacional contemporánea?

-Diría que ya no existe la historieta nacional en sí. Nos hemos convertido en gente del mundo, trabajamos para muchos públicos, no uno solo (he publicado en Turquía, por ejemplo y muchas otras historietas recorren el mundo). No hay historieta nacional por el hecho de que sea nacional sino por el hecho indiscutido de que sea buena.

Por Mariana Guzzante - mguzzante@losandes.com.ar

 
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