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MUNDO WOOD

La Mesopotamia asiática. Cuna de la Humanidad. Desde los albores de la civilización, los ríos Tigris y Eúfrates dieron fértiles tierras en medio del desierto y un clima apropiado para albergar en sus márgenes a decenas de pueblos. Asirios, caldeos, sumerios, hititas, todos los que pasean por las páginas de un libro de Historia de primer año. Ese es el Mundo Antiguo, con un camino para cada ciudad, una ciudad para cada rey, un rey para cada ejército y un ejército para cada guerra. Y así es Nippur, camino, ciudad, rey, ejército y guerra. El prototipo del hombre valiente, heroico, leal, justo, aguerrido, sabio. Una leyenda que recorre todos los pueblos, que enfrenta todos los ejércitos, que transita todos los caminos. Nippur, el exiliado de Lagash, que de general a pastor y de esclavo a rey recorre todos los ‘oficios’ en un incesante viaje de más de treinta y cinco años y casi 450 historias, plagadas de acción, amoríos, muertes y metáforas. Conozcamos...

LA VERDADERA HISTORIA DE NIPPUR DE LAGASH

Por Diego Accorsi

De buena cepa
Si uno analiza la creación de Nippur, descubre que es producto de una serie de casualidades tan improbables que tiende a creer que la existencia de este personaje ya estaba escrita en el gran libro del Destino y que este fue conduciendo los eventos para que se mezclaran los elementos necesarios. En 1943 nace en Corrientes Luis Olivera, que se enamorará de la historieta y vendrá a Buenos Aires a estudiar dibujo. Su talento lo llevará a la Misterix con Hugo Pratt, pero su responsabilidad lo mantendrá estudiando en la Escuela Panamericana de Arte y su interés por la Historia lo convertirá en un aficionado a los sumerios y los pueblos de la antigüedad. En 1944 nace en un pueblito perdido de la selva paraguaya, el hijo de una empleada doméstica soltera, descendiente de irlandeses venidos de Australia. A pesar de la pobreza total que domina la infancia de este chico, logra recibir de sus familiares el amor por las historias y los libros. Robin Wood pasa frío y hambre, pero siempre tiene una historia a mano. Va y viene a Buenos Aires, su madre se casa y se separa, vive en un asilo, trabaja en el Chaco como obrajero, acompaña al tío en un camión por la ruta Transchaco, y sin nunca dejar de leer, debe preocuparse por su subsistencia. Pero el Destino mete mano y un Robin adolescente se presenta en un concurso organizado por un diario local y la embajada francesa, donde su ensayo sobre la influencia de la cultura de ese país lo convierte en ganador y corresponsal del diario en Buenos Aires. Allí descubre otras formas de contar historias: Misterix, Hora Cero y las aventuras de la mano de Héctor Germán Oesterheld fascinan al joven Wood. Convencido de que para contar historietas es necesario saber dibujar, entre trabajo y trabajo, Robin comienza a estudiar dibujo de historietas.
Que un joven sea fanático de la sumeriología, es difícil... ahora, que DOS estudiantes de dibujo se junten a charlar de Sumer y los pueblos de la antigüedad, los mitos, las religiones y la fantasía, ya es una coincidencia escalofriante. Porque Robin y Lucho Olivera fueron compañeros de dibujo –uno ya era profesional y tenía poco por aprender, el otro era de madera y nunca aprendería a dibujar- y se hicieron amigos. Horas y horas charlando de esa pasión por la Historia y los primeros pueblos de la Mesopotamia en bares y plazas. Robin vivía en una paupérrima y vergonzante pensión, trabajando en fábricas como empleado de última categoría, comiendo salteado para llegar a fin de mes; por eso, cuando Lucho, harto de la mala calidad de los guiones que le comisionaban en Editorial Columba, le pidió que le escribiera algo, aceptó. Sin dudarlo, Robin se volcó por la aventura que les era más a fin: una de sumerios. Charlando con Lucho, redondearon “Historia para Lagash”, el puntapié de este fenómeno mundial que es Nippur de Lagash.

Por la cintura cósmica de Ur
El 1º de julio de 1966, es aprobado el guión número 1845 en la Editorial Columba, que será dibujado por Lucho, para la D’Artagnan 135. Se trata de un unitario bélico “Aquí la retirada”, donde el protagonista muere. Este había sido el primer guión de Robin Wood que dibujado por su amigo Olivera publicara Columba. El segundo, nº 2270, aparecería en la D’Artagnan 151, es la aventura en cuestión, que narra la caída de Lagash en manos del tirano Luggal-Zaggizi de Umma. El jefe de los ejércitos, un curtido veterano de veinti-pocos años es Nippur, quien junto a su amigo Ur-El de Elam (un gigantesco prisionero, unidos por una relación de respeto y admiración) huyen de la ciudad tomada. Juran algún día regresar y vengarse, pero por ahora, sólo tienen caminos por delante... y aventuras, muchísimas aventuras.
El público reaccionó ante este unitario enviando cartas a la editorial. Querían más de este Nippur. ¿Qué iba a ser de su vida? ¿Volvería a recuperar su Lagash de blancas murallas? La gente de la editorial descubrió que no tenían la menor idea quién era este Robin Wood, y que los guiones los había traído el mismo dibujante. Interrogado, Lucho Olivera confesó no saber dónde vivía su amigo. Siempre se habían visto en la Escuela, pero harto de fracasar con el lápiz, Robin había abandonado las clases. El joven paraguayo, presionado por su situación económica, había tenido que dejar su sueño de las historietas y trabajar más horas extras para mantenerse en Buenos Aires. Los guiones que le había entregado a Lucho, eran cosa del pasado, tonterías para pasar el rato.
Un día de lluvia de fines de 1966, Robin llegó tarde a la fábrica, y no lo dejaron entrar. Había perdido el día de trabajo y el dinero correspondiente. Caminó bajo la lluvia sin saber qué hacer, hasta que paró en un kiosco y posó su vista en una revista de historietas. Era una D’Artagnan, donde le publicaban los trabajos a su ex-compañero Lucho. A pesar de no tener un centavo encima, hojeó la revista y se topó con lo más inesperado: habían publicado Historia para Lagash con guión de Robin Wood. Era él. Era un profesional de la historieta. Sin dudarlo, se encaminó a las elegantes oficinas de la prestigiosa editorial. Mojado, flaco y con aspecto de linyera se presentó ante la joven recepcionista: “Yo soy Robin Wood”. Ella lo miró como diciendo “Y yo soy Lady Marian, dale, tomátelas que no damos limosna”. El insistió. Su historieta se había publicado. Ante la negativa de retirarse, la secretaria llamó a su jefe y pronto descubrieron que era cierto: tenían ante ellos al talentoso guionista de la aventura de Nippur. Sin más, le pidieron que les llevara todo lo que pudiese escribir y le entregaron un cheque. En su vida había visto uno, pero ni lerdo ni perezoso, cruzó al banco y lo hizo efectivo. Era mucho más de lo que ganaba en un mes de trabajo en la fábrica... Todo lo que pudiese escribir... No se lo tenían que decir dos veces, y así continuaron los unitarios bélicos, de espías, westerns, las aventuras de Nippur (al principio siempre con dibujos de Lucho), las de Dennis Martin y un etcétera apabullante. Nippur (y Robin) tenían el futuro asegurado.

Caminante no hay camino
En su segunda aventura, Nippur y Ur-El llegan a Egipto, donde el protagonista se enamora de la princesa ‘Nofretamón’ (este el título del episodio) y la salva de una conspiración para usurparle el poder a su padre. Sin embargo, el orgullo de los enamorados hace que deban alejarse y continuar errando por el inagotable mundo conocido. En el cuarto episodio “Minotauro”, ayudan a Teseo en Creta y en el sexto “La Fugitiva de los Hititias” lo encuentran como rey de Atenas, donde se enfrentan por primera vez con este pueblo de guerreros, que volverá a acosar a Nippur durante toda su existencia. El décimo episodio “El hombre que vino de Akad” (por error de la editorial publicado antes que el octavo- el noveno ya se había publicado antes del séptimo) presenta a Sargón, en ese momento copero del rey de Akad, quien –siguiendo los eventos de la Historia verdadera- luego se convertirá en un poderoso e influyente rey de varias ciudades del Asia menor. Asimismo, en este episodio, consultan a la sibila, una adivina que les pronostica el futuro: caminos, guerras, tronos e infelicidad para Nippur y Sargón. Para Ur-El: “Se acerca el final. Verá la montaña que ama y luego entrará a la sombra que no tiene fin”. Este augurio será reinterpretado décadas después como que cuando Ur-El entre a Lagash morirá. De todas formas, Robin decide sacarse de encima a este personaje co-protagónico para darle más fuerza a Nippur. Así, en el siguiente episodio “La Doncella de la tierra de Merem”, el gigante de Elam- muy convenientemente- se enamora de la reina de Merem y se queda a vivir con ella, desapareciendo de la serie por muchos años.
Siempre en D’Artagnan y en blanco y negro dibujadas por Lucho, de ahora en más, las aventuras de Nippur el errante solitario son una sucesión de encuentros y vagabundeos por infinidad de pueblos y caminos. El esquema básico es muy similar: Nippur llega a un lugar donde un poderoso está abusando de alguien. Nippur se encuentra con ese alguien abusado y lo ayuda. A veces pelea, a veces le trama un plan, a veces lo incentiva, lo cierto es que la injusticia termina, a veces con la muerte del malo, a veces con la del abusado. Por supuesto que no son treinta años de historias así, hay muchísimos episodios que difieren de este esquema, pero básicamente, el groso de las aventuras sigue este patrón. De esta primera etapa, destaco el episodio 17 “Agria historia de mi esclavitud” (D’Artagnan 206), donde Nippur pasa varios años de su vida atado al remo de un barco, esclavizado y sacando tubos, hasta que logra amotinar a los otros y recupera su libertad. El siguiente, “La furia de los Dioses”, reencuentra a Nippur con Teseo, en el peor momento; la muerte de su hijo. En el episodio 34 (ya por 1970), se da una especie de ‘crossover’ en “Yo vi a Gilgamesh buscando su muerte”, donde se encuentra con este personaje que en su primera aparición (D’Artagnan Anual 2) ya mostraba que se haría amigo de Nippur y (según guión y dibujo de Lucho Olivera) estos se verían por última vez cuando Nippur fuese un viejo “chocho”.
Luego de este período de ‘tranquilidad’ errante, Nippur vuelve a Egipto a socorrer a Nofretamón de un ataque de los temibles hititas. En medio de esta saga de once episodios, Lucho deja los dibujos a cargo de Sergio Mulko condicionado a seguir el estilo. Nippur logra vencer demostrando ser un gran estratega y diplomático, pero la peste asola la región y su amada muere. El exiliado de Lagash no acepta el trono y abandona las tierras del Nilo.
Ya estamos en 1972 y la editorial prueba con un formato parecido al de los comic-books: la revista mensual a color ‘Nippur de Lagash’ cuenta historias del héroe con dibujos de un inspiradísimo Ricardo Villagrán, paralelas a las de la D’Artagnan con un Mulko más suelto, en busca de un estilo propio. La revista dura 27 números y el último marca el regreso de Lucho Olivera a Nippur (julio del ’74).
De esta época ‘doble’ son destacables los encuentros de Nippur con Karien la Roja, reina de las amazonas, con quien -pese a las distancias- mantendrá un eterno romance y Hattusil, el hitita jorobado -considerado el mejor guerrero del planeta- quien pasa a convertirse en el mejor de sus amigos. Asimismo, hay flashbacks de la época en que un adolescente Nippur se entrenaba con ‘el Anciano’ y otros con Ur-El y Teseo, tras vencer al minotauro. Esto empalma con la segunda saga, en la que Nippur, Ur-El, Hattusil y Piritoos se abocan a la búsqueda de Teseo.
Muchas aventuras pasan en la vida de Nippur, a veces dibujadas por Mulko, Lucho, los hermanos Villagrán o Carlos Leopardi, hasta que a fines del ’76, Jorge Zaffino, con tan sólo 16 años, se hace cargo de los dibujos de la serie, que empieza a ser coloreada de vez en cuando, acorde Columba va apostando al color en sus páginas. De esta época es recordado el episodio “Los Hombres de Fuego” en que Nippur regresa a Egipto para ser testigo de la locura de Akhenamón, el hermano de su difunta novia, contra los salvadores de Tebas frente a los hititas.

El tuerto es el rey
En 1978 Columba cumple cincuenta años y Robin presenta un capítulo que cambiará para siempre al personaje más exitoso de la editorial: en la recordada ‘saga del ojo’, Nippur queda tuerto de un flechazo. Los –para ese entonces afianzados y- poderosos dibujos de Leopardi presentan con crudeza la pérdida del ojo izquierdo y el desmoronamiento del héroe. La muerte de inocentes lo obliga a recomponerse, atarse un parche y continuar sus andanzas, ahora más replegado al consejo que a la acción directa, más el Incorruptible que el Errante, más el sabio que el guerrero.
En diciembre del ’79 se publica el primer número de la revista ‘Nippur Magnum’ y el personaje se muda a esta publicación a todo color, con dibujos a cargo de Ricardo Villagrán. En una nueva saga en Egipto, reaparecen Ur-El, Hattusil y Karien, quien está embarazada de Nippur y –reflejando la vida personal del viajero Wood- pronto será papá.
Pero nada es fácil en la vida de Nippur y si una amazona da a luz a un hijo varón, la cosa se complica más. Nace Hiras y Nippur se retira a las tierras de Hattusil para verlo crecer en paz. Enrique Villagrán, con el seudónimo de Gomez Sierra llevará la faz gráfica de la siguiente saga, en que Nippur debe alejarse de su hijo por mucho tiempo para salvar una deuda de honor. Tras un arduo regreso que toma añares, Nippur tratará de recomponer la relación padre-hijo con Hiras, quien ha saboreado la libertad y descubierto extraños poderes, recibidos de la sangre de las amazonas.
Llegamos a 1987 y por fin se acuerdan que el verdadero objetivo de Nippur era reconquistar su querida Lagash y comienza una gran saga encaminada a tal fin (y digo se acuerdan, porque para esta época, junto a Robin escribían episodios Ricardo Ferrari, Gustavo Amézaga y Néstor Barron). Presionado por Sargón, Nippur comienza a reclutar ejércitos para enfrentar a Luggal-Zaggizi, y su viejo amigo Ur-El de Merem dice presente, aún sabiendo que la profecía de la sibila (¿recuerdan el décimo episodio, allá por 1968?) presagió su trágico fin. La guerra –ya con dibujos de Mulko en su nuevo estilo- se inclina en favor de Nippur y sus aliados –gracias a su genio militar, la audacia de su hijo y sus pocos pero fieles guerreros. Con la toma de Umma, la ciudad capital de Luggal-Zaggizi, el futuro ya está asegurado. Nippur vuelve a las blancas murallas y conquista Lagash, a costa de la vida de Ur-El, que se sacrifica por su amigo. El malvado es linchado por el pueblo y el tuerto es coronado rey aún en contra de su voluntad. Además de reconstruir la ciudad y detener los intereses de Sargón, Nippur tiene un romance con la reina de un mundo subterráneo, fruto del cual nace una extraña niña de tres ojos: Oona, quien queda al cuidado de su madre.
Mientras es rey, Nippur no para de vivir aventuras –ya sea que se lo de por muerto, ya sea que el ejército de la reina Laramar aceche- y comienza a delegar el protagonismo en su hijo Hiras –principalmente-, Karien, Hattusil y Lamir, el general del ejército de Lagash.
Para 1994, Mulko dibuja su último episodio: “Adiós a Lagash”, en el que Nippur abandona su ciudad y deja el trono en manos de Lamir. El jovato quiere más aventuras, no redactar edictos desde un trono. Con dibujos de Daniel Müller, Nippur vuelve a los caminos, a interceder por los débiles y aconsejar a los afligidos en 19 episodios menores. Luego, Wood escribiría dos episodios de "El Joven Nippur" dibujada por un joven Gabriel Rearte muy influenciado por lo peorcito de Image. Y ya que hablamos de cosas malas, no podemos dejar pasar el abominable álbum Aniversario Treinta Años de Nippur editado por Comic Press/ Símbolo Editorial en 1996, donde además de un capítulo dibujado por Walther Taborda (pésimamente scanneado) en blanco y negro, reeditan el capítulo de la pérdida del ojo de Nippur... ¡SIN LA PÁGINA EN LA QUE PIERDE EL OJO! Bueno, después con dibujos de Sergio Ibáñez se publicaron dos episodios en ese intento fallido de resucitar a la Skorpio, pero la saga de Nippur sigue abierta. En estos momentos, Robin está abocado a las aventuras de Hiras con dibujos de Rubén Meriggi, por lo que el linaje de Nippur sigue vigente en la historieta mundial.
Nippur de Lagash, el Errante, el Incorruptible, el Tuerto, el Rey, viene recorriendo senderos plagados de aventuras y emociones desde hace casi cuarenta años. El producto más interesante de la fecunda imaginación de Robin Wood ha acompañado a muchas generaciones de argentinos y esperemos siga entusiasmando lectores de todo el mundo por mucho más tiempo. ¡Larga vida al rey!”

Por supuesto, esta nota es posible gracias a la dedicación, la sabiduría y el amor por Nippur de Ariel Avilez el Caballero de Seingalt.

 
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