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MUNDO WOOD

Andrés Colmán Gutiérrez es un estudioso de la historieta paraguaya y junto al artista Roberto Goiriz escribieron en 2001 una muy completa biografía de Robin mostrando tanto su faceta de artista internacional como de hombre de bien del Paraguay. La primera versión fue para el catálogo de la muestra antológica de Robin en el Centro Cultural de España "Juan de Salazar", con dibujos de todos sus artistas y luego tuvo varias correcciones para la versión publicada en el número 30 de la revista virtual La Revista Latinoamericana de Estudios Sobre la Historieta. Vale la pena recorrer una historia que quizá ya es en parte conocida, pero es siempre fascinante, llena de datos interesantes y un hincapié especial en la producción paraguaya del autor. Disfrútenla.

ROBIN WOOD: EL NOMBRE DE LA AVENTURA

Por Andrés Colmán Gutiérrez y Roberto Goiriz

Decir Robin Wood es pronunciar el nombre de la aventura. Es abrir la puerta de un universo épico de cuadritos y colores, por donde transitan criaturas que ya son mito y leyenda en la historia del cómic: Nippur de Lagash, Jackaroe, Savarese, Mark, Pepe Sánchez, Dago, Martin Hell...
Hablar de Robin Wood es hablar de personajes que han hecho soñar y disfrutar a más de una generación de lectores de historietas. Pero es también hablar de este paraguayo cosmopolita, ciudadano del mundo, más personaje que sus propias creaciones, que nació hace 62 años en la colonia San Cosme, Caazapá, que trabajó como obrajero y jangadero en el Alto Paraná, hasta que una circunstancial jugada del destino lo llevó a Buenos Aires, Argentina, el lugar donde comenzó su meteórica carrera como guionista.

Hoy, con dos Yellow Kids (el llamado “Oscar” del cómic) concedidos por su labor creativa, más otros dos ganados por los dibujantes de su personaje Dago, además de una gran cantidad de premios y reconocimientos internacionales, Robin consolida su prestigio como uno de los escritores de cómics más importantes del mundo.

Pero hay un país en donde todavía se lo conoce poco. Un país en donde han tenido que pasar 30 años para que se publique por primera vez una de sus más clásicas obras ("Mi novia y yo", con dibujos de Carlos Vogt, que aparece en el diario Ultima Hora de Paraguay), para que se le otorgue el primer reconocimiento local (homenaje que se le ha rendido durante el Encuentro del Humor Gráfico y la Historieta del Mercorsur, Cháke!, Asunción, septiembre de 2000), y para que finalmente se organice una primera gran exposición sobre su obra (Robin Wood, Muestra Antológica, Asunción, junio 2001).
Ese país, paradójicamente, es su propio país natal: Paraguay. El país del que Robin tuvo que marcharse muy joven para abrirse camino en un difícil y exigente mercado artístico y editorial. El país al que regresa cada tanto, incapaz de desprenderse de sus raíces. El país que aparece subrepticiamente en los universos imaginados de muchos de sus personajes. El país que tiene con él todavía una asignatura pendiente.

UNA VIDA AVENTURERA
El destino de Robin Wood nació signado por la aventura. La que forjaron sus propios antepasados a principios del Siglo XX, un grupo de inmigrantes irlandeses anarco-socialistas que se lanzaron a través del mar desde la lejana Australia, para internarse en las selvas del Paraguay y fundar una colonia soñada como la isla de la utopía. Sueños que se estrellaron duramente ante la limitaciones del aislamiento geográfico y la inhóspita naturaleza.

Colonia Cosme, Caazapá, 1943. Allí, en un hogar humilde, nace un niño, al que su madre, aprovechando las resonancias anglosajonas de su apellido, bautiza premonitoriamente con nombre de héroe de novela medieval (durante mucho tiempo, sus múltiples lectores seguirán dudando de que Robin Wood sea su verdadero nombre, pensando quizás que se trata de un “marketinero” seudónimo robado al mundo de sus propios personajes).

Hijo único, emigra con su madre a la Argentina, en donde pasa años turbulentos y difíciles, que quizá lo marquen para siempre. Adolescente, regresa al Paraguay, donde ensaya diversos oficios: albañil, camionero, hachero en las obrajes madereros del Alto Paraná. En Encarnación, ciudad ubicada en la frontera con Argentina, conoce al intelectual y político Rómulo T. Perina, que se convertirá en su gran amigo y mentor, quien lo impulsa a probar suerte con la escritura. Robin escribe sus primeros cuentos, y con uno de ellos gana un concurso literario convocado por el Diario La Tribuna, de Asunción.

A mediados de los años 60, al igual que muchos otros paraguayos, el joven Wood viaja otra vez a la gran ciudad de Buenos Aires, en busca de su destino. Allí trabaja como obrero en una imprenta y sueña con convertirse en dibujante y escritor.

Se hace amigo de Luis (Lucho) Olivera, un joven dibujante argentino, con quien comparte la pasión por la historia antigua, especialmente por la de la civilización sumeria. Bajo el influjo de esta obsesión, Lucho convence a Robin de que escriba una historia, que él se encarga de ilustrar, para presentarlo a una editorial que publica revistas de historietas. Aquella primera obra, titulada "Historia para Lagash", habla de un guerrero sumerio llamado Nippur, cuya ciudad, Lagash, cae bajo el asedio traicionero del dictador Luggal-Zagizi. Exiliado de su tierra, el guerrero se ve condenado a peregrinar por el mundo.

Es el año 1967. Un buen día, al pasar por un kiosco, Robin hojea la revista D'artagnan, de la Editorial Columba, y no lo puede creer: allí estaba publicada su historia. Nacía un nuevo escritor en el universo del cómic. Nacía la leyenda de su primer y más celebre personaje: Nippur de Lagash. En seguida siguen más capítulos del guerrero errante y otros personajes creados para D'artagnan y las demás revistas de la editorial, Fantasía, El Tony, Intervalo, en cuyas páginas verían la luz inicialmente: Jackaroe, Dennis Martin, Mi Novia y yo.

En poco tiempo, se convierte en el guionista estrella de Columba, compartiendo cartel con el gran guionista argentino Hector Germán Oesterheld, el inolvidable creador de "Roland el Corsario" y "El Eternauta". La producción de Wood es tan prolífica, que debe inventarse seudónimos para no llenar los créditos. Así, firmará también como Robert O'Neil, Roberto Monti, entre otros.

A los pocos años de carrera profesional, puede comenzar a cumplir otra de sus grandes pasiones: viajar. Con una mochila al hombro, al igual que sus personajes, se pone en marcha a través del ancho mundo. Recorre tierras lejanas, investiga en el propio terreno la historia de exóticas culturas, vive mil y una aventuras que dan vida a nuevos personajes. Escribiendo en ignotos hoteles envía sus guiones por correo a Buenos Aires, donde surgen más y más criaturas con su firma: Big Norman, Harry White, Pepe Sánchez, Aquí la Legión, Dax, Los aventureros, Mark, Chindits, Los amigos, El Cosaco, Helena, Savarese, Dago, Morgan, Amanda, Kevin, Starligth, Kozakovitch y Connors, El Angel, Drácula, Merlín, El Peregrino, Martín Hell...

Sus obras transponen la frontera y empiezan a publicarse en Europa. Primero en España, luego en Italia, donde encuentran gran repercusión entre los lectores de revistas de la popular editorial Eura, como Lanciostory y Skorpio. Dago se convierte en el personaje más leído, que llega a editarse como tira diaria hasta en un periódico de Turquía.

En 1997 llega el primer gran reconocimiento internacional: En Roma, Italia, le otorgan el Yellow Kid, considerado el oscar del mundo del cómic. En 1998 y 1999, consecutivamente, los ilustradores José Luis Salinas y Carlos Gómez también lo ganan por los dibujos de Dago, el personaje de Wood. En el 2000 llega otro Yellow Kid por el libro "Un año, un siglo", un compendio de diez historias escritas por Robin y dibujadas por algunos de los mejores ilustradores del mundo. También la Facultad de Teología de El Vaticano le había otorgado el Premio a la Mejor Historieta Religiosa al capítulo "El Nazareno" de su personaje Gilgamesh el Inmortal.

Robin fijará residencia sucesivamente en Australia, España, Dinamarca, y finalmente Paraguay, donde actualmente tiene su “cuartel central”, donde sigue creando más y más historias, y sigue viajando por el mundo,
regresando cada cierto tiempo al Paraguay
para evocar la magia de su tierra natal.

LA OBRA DE UN HUMANISTA
Con más de 4.000 guiones de historietas escritas y publicadas, y más de medio centenar de personajes de los más variados géneros creados en tres décadas de carrera profesional, sin contar los textos escritos esporádicamente para el cine y la televisión, no es fácil analizar resumidamente la obra de un autor tan prolífico como Robin Wood.

Hay, sin embargo, valores y elementos comunes en la mayoría de sus historias y personajes: una manera épica y clásica de narrar con los códigos del cómic, una pasión por la rigurosa ambientación histórica, una opción por el héroe solitario y romántico con su particular código de honor y de justicia, una manera de ver el mundo con espíritu esencialmente humanista, una refinada técnica en la dosificación del drama y la acción, con oportunos toques de humor y sensibilidad poética.

En su primer personaje creado en 1967, Nippur de Lagash, ya están definidos estos caracteres que se irán reforzando en la mayor parte de toda su obra. Nippur es el aventurero errante, exiliado de su ciudad oprimida por un tirano sanguinario, que se lanza a los caminos a conocer la vida, mientras sueña con regresar un día para liberar a los suyos. Peleará mil batallas por causas que él considera justas, pero rechazará tesoros y coronas de recompensa. Amará a princesas y campesinas, compartirá la amistad de grandes guerreros y humildes pastores, pero casi siempre preferirá la soledad de los caminos polvorientos, la paz de una noche bajo las estrellas del desierto. Incorruptible, solidario, justiciero, taciturno, atormentado por sus propios fantasmas, a medida en que pasen los años, Nippur preferirá empuñar la espada cada vez menos, para resolver los conflictos que encuentra en su camino con astucia y diplomacia.

Estas características se repetirán creativamente en varios de sus personajes como Jackaroe, el taciturno cowboy criado por los indios apaches, renegado entre dos culturas, o en el misterioso Dax, el huérfano blanco salvado de la masacre de su familia durante la guerra de los Boxers y criado por un labrador chino, o en el atormentado Harry White, el yanqui ex tripulante del avión que arrojó la bomba atómica sobre Hiroshima y que se encerrará en un monasterio japonés durante años para expiar sus pecados, antes de regresar a occidente convertido en maestro de artes marciales. Siempre la sombra de un pasado trágico que crea una obsesión justiciera, la shakesperiana búsqueda interior que sirve de pretexto a la aventura, pero condena a la eterna soledad.

En cuanto al estilo y a la técnica narrativa, demuestra una gran capacidad de superarse a si mismo en una constante evolución. Influenciado por la clásica escuela de las "novelas ilustradas" de la editorial Columba, el guionista comenzará su carrera con un estilo de mucho texto explicativo y poco espacio para el dibujo, poniendo énfasis en la calidad literaria de la historia, pero sin percibir todavía toda las potencialidades gráficas del género. Sin embargo, a medida en que se internacionaliza y toma contacto con la línea más vanguardista del cómic europeo, irá depurando su estilo, confiando y exigiéndole más a los dibujantes, hasta llegar al excelente nivel de su producción más actual, con páginas en donde la narración descansa en los efectos gráficos y visuales, muchas veces sin una sola línea de texto.

Su opción por la aventura, por el concepto clásico y épico de la historieta, ha hecho que muchos críticos y ensayistas del cómic hayan mirado la obra de Wood con cierto desdén, reprochándole muchas veces la falta de un lenguaje más intelectual o de vanguardia, o el hecho de no encolumnarse en la corriente más ideologizada de la historieta latinoamericana como la que representan Carlos Trillo, Juan Sasturain, Enrique Breccia, Horacio Altuna, José Muñoz, Carlos Sampayo, o el mismo recordado Oesterheld. En su libro "El domicilio de la aventura" (Editorial Colihue, Buenos Aires), Juan Sasturain llega a calificar la obra de Wood de "comercial" y "bestsellerista".

Sin embargo, lo que para algunos puede ser un antivalor, para otros es precisamente la fórmula del éxito y la comunicación con la gran masa de lectores. El cómic de Robin Wood es como el cine de Steven Spielberg o George Lucas, como la literatura de Osvaldo Soriano o Raymond Chandler: entretenimiento puro, pero de la mejor calidad. Como señala el también crítico argentino Iván de la Torre en su ensayo "Robin Wood y el error de tener éxito", solo hay dos clases de historietas: buenas o malas. Y no hay dudas de que gran parte de las que escribe Robin están entre las mejores del mundo.

Pocos autores pueden llegar a ser tan prolíficos sin disminuir el nivel de calidad. Pocos pueden llegar a transitar con igual éxito los más amplios y variados campos narrativos: el policial (Savarese, Big Norman), el terror (Martín Hell), la ciencia-ficción (Starligth, Mark, Danske), el misterio (Dax, Merlín), la comedia (Mi Novia y yo, Pepe Sánchez), la aventura (El Peregrino, Los aventureros, Los amigos, Kozakovich y Connors, Kevin), el romance (Helena, Amanda), la historia (Nippur, Dago, El Cosaco, Rasputín, Drácula), la guerra (Chindits, Aquí la Legión), el espionaje (Dennis Martin), las artes marciales (Harry White), el oeste americano (Jackaroe, Ronstadt, Chaco), el costumbrismo regional (Perurimá, Munro), la crítica social (Mojado), la América colonial (El Angel, Gómez) o incluso a extrapolar los géneros, como en Gilgamesh el Inmortal, que recorre todos los escenarios posibles, hasta la excelente Morgan, en donde se entremezclan la serie negra de detectives con la ciencia ficción futurista, al mejor estilo de la película Blade Runner.

Además, basta hacer un seguimiento cronológico de su obra para advertir que así como hay un erfeccionamiento de la técnica narrativa, también hay una profundización de valores en la temática. Así como en los planteos de sus primeros personajes se podían percibir aspectos de un reforzado individualismo o de exacerbación de la violencia, como también cierta glorificación al machismo o una visión maniquea del mundo político, acentuado en algunos personajes como Dennis Martin (el espía que en los años de la Guerra Fría luchaba del lado de los "buenos" del este contra los "malos" del oeste), a partir de su producción de los años ‘80 se percibe una toma de postura cada vez más acentuada del escritor con respecto a las ideas progresistas de fin de siglo.

Con la serie Helena, Robin se introduce por primera vez en la piel de una mujer enfrentada al mundo cotidiano, planteando desde esa perspectiva una historieta de fuerte tono feminista. En Dago hay una explícita denuncia de toda forma de esclavitud humana, mientras en las aventuras de Martín Hell se cuelan alegatos ecologistas a favor de la defensa del medio ambiente. Los héroes que al principio parecían de bronce se convierten en anti-héroes más humanos, experimento que ya había sufrido años antes el propio Nippur de Lagash, quien pierde un ojo de un certero flechazo pero gana en humanidad.

Sin duda, una de su obras más logradas en ese sentido es Savarese, el infortunado niño siciliano que queda huérfano ante una "vendetta" de la mafia y que va creciendo capítulo tras capítulo, golpe tras golpe, hasta convertirse en un escuálido pero cerebral agente del FBI en la Norteamérica de Al Capone y la Cosa Nostra. Años después, la fórmula se recrearía con original variación en el personaje Mojado, otro niño que queda huérfano a raíz de un terremoto en una miserable y desolada aldea mexicana, para empezar a transitar el duro camino de la marginalidad, convirtiéndose en unos de los tantos "chicanos" o inmigrantes ilegales en los Estados Unidos. Es quizás la serie contiene la mayor dosis de crítica a una realidad social contemporánea, pero sin sacrificar en ningún momento la majestad de la aventura.

Aunque resulta bastante subjetivo decidir cuál es su mejor serie o personaje, sin duda el talento narrativo de Robin Wood está resumido en su obra prima de fin de siglo, las diez historias escritas especialmente para el álbum "Un día, un siglo" que la Editorial Eura publicó en Italia para celebrar el fin del Siglo XX. Ilustrada por algunos de los mejores dibujantes de cómics del mundo (Enrique Breccia, Jordi Bernet, Juan Zanotto, Máximo Carnevale, Ernesto García Seijas, Enrique Alcatena, Francisco Solano López, entre otros), Robin ubica cada una de sus historias en un día de cada década del siglo, construyendo ficciones conmovedoras en torno a personajes y situaciones históricas: Mahatma Gandhi, Winston Churchil, Rasputín y la revolución rusa, Pancho Villa y la revolución mexicana, la bomba sobre Hiroshima, Vietnam, la muerte del Che Guevara y la llegada del hombre a la Luna, la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín, para terminar con un bello y poético homenaje a Chico Méndes, el héroe ecologista brasileño, con una historia que convoca a todos los lectores a sumarse en la lucha por salvar al medio ambiente. Un libro que hasta ahora se ha editado sólo en italiano, que revela a un autor en la plenitud de su madurez creativa y que ha sido premiado con toda justicia con el Yellow Kid 2000.

EL PARAGUAY EN LA OBRA DE WOOD

Hasta ahora, la mayoría de los semiólogos y ensayistas que se han ocupado de la obra de Robin Wood lo han ubicado dentro de la historia de la historieta argentina, ignorando en gran medida su condición de paraguayo. Ello es comprensible si se tiene en cuenta que el escritor inició su carrera en Buenos Aires y allí la desarrolló en toda su primera etapa. Por otra parte, si bien la mayoría de sus personajes tienen una universalidad admirable y nacionalidades diversas, muchos de ellos son decididamente argentinos por el escenario, el lenguaje y la temática costumbrista, como el caso de Mi novia y yo, Pepe Sánchez, Helena, Amanda.

Esto no ha impedido que los elementos culturales y afectivos de su país natal se hayan ido metiendo subrepticia o explícitamente a lo largo de toda su producción. Lo paraguayo se filtra desde los primeros capítulos de Mi novia y yo, cuando Robin se convierte él mismo en personaje, incorporando a su parentela, a su perro, a su novia, a sus amigos y enemigos, o en las aventuras del espía Dennis Martin, que enfrentará reiteradas veces como antagonista al propio mentor de Wood, el inefable y bonachón Rómulo T. Perina, convertido dentro del cómic en peligroso asesino, capo mafioso y audaz contrabandista.

En uno de los primeros episodios de Dennis Martín, publicado a inicios de los 70, titulado "¿Dónde se esconde Leroy?", Robin hará viajar al Paraguay por primera vez al espía irlandés junto a su mortal colega, la danesa Grace Henrichsen, siguiendo la pista de un famoso criminal. Se hospedan, por supuesto, en el Hotel Guaraní, donde se produce el primer asesinato, conspiran en el restaurante La Pérgola y asisten al enfrentamiento final a orillas del legendario lago Ypacaraí, con la ayuda de un oficial paraguayo previsiblemente apellidado López.

A fines de los 70, crea su primer personaje específicamente paraguayo.
Es cuando los directivos de la Editorial Emegebe, que por entonces publica la revista de actualidad Ñandé, le solicitan que produzca una historieta dirigida especialmente a los lectores compatriotas. Wood decide entonces tomar un personaje de la cultura popular, pícaro protagonista de los muchos cuentos orales campesinos que habrá escuchado en su niñez caazapeña e insertarlo en los parámetros de la aventura moderna. Así nace Perurimá, con dibujos del argentino Gómez Sierra, quien sin embargo no logra retratar la magia del mundo rural guaraní en sus caracterizaciones, componiendo un universo gráfico más parecido al de los clichés de la revolución mexicana. La historieta aparece durante varias ediciones de Ñandé, hasta que es inexplicablemente interrumpida. Volverá a publicarse luego en las revistas de la Editorial Record, en Argentina.

Pero el mundo paraguayo seguirá interfiriendo, una y otra vez, en varias otras series . Para entonces, Robin ya ha perfeccionado el divertido juego de utilizar a sus personajes para demostrar su afecto y sus odios hacia las personas del mundo real. Hay deliciosas anécdotas al respecto. A principio de los años ‘80, durante una de las esporádicas y fugaces visitas que el escritor realiza al Paraguay, es entrevistado por la reportera Pepa Kostianovsky de ABC Revista. Cuando el material aparece publicado, la pintura subjetiva que la periodista hace sobre su entrevistado es muy poco favorable. La respuesta no se hace esperar. En pocas semanas más, una nueva edición de la revista argentina de cómics "Intervalo" llega a los kioskos asuncenos. En un capítulo de la serie Helena, escrita por Wood y dibujada por García Seijas, titulado "El retrato de Irene", hace su debut un nuevo personaje secundario: la periodista Beba Kostantinovsky, "cuya amargura natural nace del hecho de tener que cargar con ese estrafalario nombre. Es una mujer sin vicios, pues ni los vicios la toleran. Dicen que escribe". Así la presenta textualmente el vengativo autor. Como contra cara, en un capítulo posterior de la misma serie, Robin dedicará todo un capítulo titulado "Querida Aída" para rendir un bello homenaje a su amiga Aída Lara, por entonces locutora de Radio Nacional del Paraguay.

Varios de sus personajes internacionales elegirán el Paraguay más de una vez como escenario de sus aventuras. El ex monje y karateka Harry White recorre toda Sudamérica en una motocicleta y llega hasta las selvas del Alto Paraná, donde enfrenta a una banda de asaltantes de caminos. Munro (en Argentina rebautizado Morten), el enigmático aventurero nórdico, transitará también por los mismos obrajes del Alto Paraná donde su autor había trabajado en los años de juventud, asistirá a la explotación inhumana de los peones y los indígenas, se involucrará en las rebeliones sociales y en las tragedias costumbristas. Y Amanda, la pecosa huérfana pelirroja iniciará sus aventuras en la ciudad argentina de Posadas, en la frontera con la ciudad paraguaya de Encarnación, junto al rumoroso río Paraná, recorriendo el mismo camino de angustia existencial que alguna vez llevara a Robin desde el mismo lugar en busca de su destino hacia Buenos Aires.

Pero es en el 2000 cuando se produce un mayor impulso para que Robin Wood se aproxime en forma más vital y definitiva a los lectores y al universo cultural de su país natal. Es cuando se define el acuerdo editorial para que el diario Última Hora de Asunción empiece a publicar, a razón de una página por día, su clásica historieta "Mi novia y yo". Es cuando los organizadores del 4º Encuentro del Humor Gráfico y la Historieta del Mercosur, Cháke!, realizado en Paraguay en octubre del 2000, le rinden un homenaje especial por su trayectoria creativa. Es cuando Robin decide escribir los guiones de un nuevo personaje paraguayo actual, denominado Javimendi (contracción de su nombre Javier Mendieta) la disparatada aventura de un joven, torpe y osado periodista inmerso en el alocado mundo de la Asunción contemporánea, dibujado en el formato de tiras diarias por el dibujante paraguayo Carlos Meyer, serie que aún permanece inédita. Y es cuando también decide realizar una serie de historietas educativas para la organización Transparencia Internacional, capítulo Paraguay, esta vez con dibujos de Goiriz.

La asignatura pendiente que había entre el Paraguay y uno de sus hijos más reconocidos internacionalmente, empieza a cumplirse. Luego viene una gran muestra antológica sobre su obra en Asunción, en el año 2001, en las salas del Centro Cultural de España. Y Robin se reinserta casi naturalmente en la vida cotidiana de su país.

ASUNCIÓN, CENTRO DE PRODUCCIÓN DE HISTORIETAS PARA EL MUNDO
La colaboración iniciada con Roberto Goiriz para la serie “Isabella” (actualmente dibujada por el artista argentino Alfredo Falugi) inicia también una relación de trabajo para dar cabida a una serie de nuevos proyectos.

“Warrior-M” es el nombre de uno de sus nuevos personajes.
Los guiones de Wood y los dibujos de Goiriz hacen nacer esta historieta ambientada en el futuro cercano, en un mundo arrasado por la contaminación y la barbarie humana. Un mundo por donde transita un hombre desilusionado y peligroso, que sin embargo no ha perdido su grandeza de espíritu... ni su excelente trompada.

En el estudio de Goiriz, surgen también jóvenes artistas que contribuyen con la obra, realizando los colores digitales de la misma. Enrique Espinoza es el responsable de esa tarea. Y otros artistas, que actualmente aportan su talento al dibujo de la serie, como Enrique (Kike) Olmedo.

Surge también “Hiras”, inicialmente con los dibujos del artista argentino Rubén Meriggi, luego con los dibujos de Goiriz y los colores de Edgar Arce. Hiras es el hijo del legendario Nippur de Lagash. Joven, enigmático, a veces cruel con la gente pero defensor de los animales, Hiras vive en un mundo poblado de extrañas razas de vampiros, hadas y criaturas de las profundidades.

“Joan” es el tercer nombre de esta trilogía. Dibujado por Carlos Pedrazzini desde Argentina, es coloreado, entre otros, por los artistas paraguayos Amado Escobar, Marco Renault y Lautaro Rinaldi. Joan es un alegre rufián que vive sus aventuras (todas o casi todas deshonestas) durante el período de la Guerra Civil española.

Así, desde Asunción, este creador paraguayo sueña, planifica y escribe sus creaciones para el mundo.

 
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