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MUNDO WOOD

Esta vez veremos una nota del investigador Ariel Avilez realizada para la revista Comiqueando Extra (May-Jun 2008) en homenaje a los 30 años de la creación de otro genial personaje de Robin: Savarese. Como en la oportunidad en que fue publicada, la nota de Ariel va acompañada de un recuadro que yo escribiera para esa oportunidad...

Abanderado de los perdedores con onda y convicciones inquebrantables, esta genial creación de Robin Wood y Cacho Mandrafina impactó hace 30 años y aún hoy es referente ineludible del mejor cómic policial creado en esta parte del mundo... Hacete amigo de la yuta, aunque sea unos minutos. Vamos a la violenta Nueva York de los años ’30 a combatir el crimen con

por Ariel Avilez

TIEMPOS VIEJOS

El día de los Santos Inocentes del año 1978, los lectores de la revista D'artagnan presenciaron sorprendidos la pérdida de la inocencia de un enclenque sicilianito de ficción y también la de toda una línea editorial, la de Columba; hasta la fecha, ni el propio Robin Wood, el más audaz de los guionistas de la casa, se había animado a desarrollar del modo que luego desarrolló a un personaje de las características de Savarese, un antihéroe, un sujeto que no conoce otras victorias que las amargas victorias pírricas.
1978 fue un año clave para la Editorial Columba: festejaba su aniversario número 50, tenía cuatro publicaciones en las calles y una gallina ponedora de huevos de oro que no cesaba de crear series para cada una de ellas. Progresivamente, Robin Wood -la mentada gallina, claro- fue abandonando sus pseudónimos -Roberto Monti, Robert O'Neill, Mateo Fusari- para estampar su verdadero nombre en la mayor cantidad posible de historietas: Aquí la Legión, Los Amigos, Mark, El Cosaco, Or Grund, Wolf... todo eso y mucho más es fruto de aquella fértil época.

Antonio Presa, uno de los hombres fuertes de la editorial, apostó fuerte a la nueva creación de Don Robin: para ella, sugirió a un dibujante en ascenso que venía haciendo méritos desde hace poco más de una década (adaptaciones de películas, cierta serie de corte romántico en Intervalo): Domingo "Cacho" Mandrafina, completísimo artista, dueño de un manejo singular de las sombras, soberbio narrador y, como si esto fuera poco, amante documentado de las historias del New York de los años '30. Y de eso iba, precisamente, la nueva serie.
El rostro de un joven Rubén Marchionne, dibujante de Dax, fue el elegido por Don Domingo a la hora de ponerle uno a su criatura, el protagonista de la serie. Y ya con varios episodios en carpeta, el Anuario número 9 de la revista D'artagnan salió a la calle con los impagables tres primeros capítulos de la serie (reportaje a Mandrafina incluido).

Como no podía ser de otra manera, el éxito acompañó desde el vamos a las aventuras de Savarese; éxito testimoniado por la cantidad de portadas que desde entonces se le dedicó.

Cuando ya entrados en los '80 a Wood le resultó imposible sostener su volumen de producción, Columba le asignó al afamado guionista otros tantos escritores encargados de proporcionarle "guiones-base" que Robin, al mejor estilo Alejandro Dumas, procedía a modificar, enriquecer y muchísimas veces hasta reescribir. Así, Manuel Morini (Gustavo Amézaga) se encargó de Savarese, serie a la cual, entre tantas cosas, proporcionó un personaje de importancia capital: Ingeborg.

Entre 1978 y 1989 se publicaron alrededor de 160 episodios de parejísima factura. Durante más de una década, a este entrañable personaje lo vimos caer, arrastrarse y levantarse para volver a caer en historias ambientadas entre 1920 y 1945... y con él sufrimos. Tal vez por eso y por el inmenso cariño que uno adivina tanto Wood como Mandrafina depositaron en su creación, es que aún hoy, a treinta años de su creación, Savarese sigue siendo considerado uno de los picos más altos de nuestra historieta.


AQUEL MUCHACHO TRISTE

Giovanni Savarese nace en 1906 en Graziano, Sicilia, en el seno de una típica familia rural. Vittorio es el nombre de su padre, Rosetta el de su madre y Fredo el de su hermano mayor; gente dura, curtida, de pocas palabras y dueña de un indeclinable sentido del honor.

Desde el vamos, Giovanni desentona: miedoso, enfermizo, apocado, es poco más que la vergüenza de la familia; sólo le falta declarar ser lector de historietas para no merecer la más mínima de las consideraciones.
Las cosas se ponen realmente feas cuando el bambino cumple sus catorce años; Don Vittorio se enemista con Don Fabio, el capo mafia local, a causa de que éste pretende que los Savarese cedan sus tierras a un compadre suyo. El buen Don Vittorio es un perro de muy pocas pulgas, pero un perro de los bravos, así que antes de ser acribillado a escopetazos se carga al joven e impulsivo Enzo, hijo único de Don Fabio. Fuera de sí, el mafioso clama vendetta en contra del resto de los Savarese y pronto es parcialmente complacido: Doña Rosetta y el prometedor Fredo perecen bajo el fuego de las luparas cuando se aprestan a huir. A último momento, Don Fabio -quien a diferencia de Wood no ha leído El Padrino de Mario Puzzo ni visto la versión fílmica de Francis Ford Cóppola- se apiada del insignificante Giovanni y le ordena abandonar para siempre Graziano.
Así comienzan las desventuras del último Savarese. Durante un año, se establece en Palermo, en casa de sus tíos Roberto y Giuliana, gente de muy mala leche, empecinada en matarlo de hambre y cansancio haciéndolo laburar de sol a sol en el almacén del que son dueños. Harto de los abusos y de la violencia psicológica que no tarda en transformarse en violencia física -literalmente lo muelen a palos al tiempo que lo acusan injustamente de ladrón-, Giovanni gana la confianza del capitán del navío Cormorán y se embarca rumbo a New York.
En el barco trabaja duro y es adoptado como mascota de la tripulación. Sin perder tiempo, demuestra por primera vez una habilidad que hasta ahora no había tenido ocasión de manifestar: su capacidad de aprendizaje; toma lecciones aceleradas de inglés y les saca mucho provecho.
Eternamente meado por los perros, el desembarco en América es poco auspicioso para Giovanni, que no tiene documentos y, para colmo de males, se topa con un empleado de inmigración altamente xenófobo. Providencialmente, tiene ocasión de salvarle la vida a un hombre muy poderoso, un obeso napolitano que, en agradecimiento, no sólo lo apadrina en su entrada a los USA, sino que le otorga la ciudadanía estadounidense (¡¿?!) y le da un nombre nuevo: John. Sin embargo, en el futuro ambos se arrepentirán de sus sendas buenas acciones: Savarese de haber evitado la muerte de Al Capone, y Al Capone de haber creado a John Savarese.

Son años difíciles los primeros de Johnny en América. Sobrevive como puede merced a empleos de poca monta: vende diarios, hace deliverys para una carnicería... Pero también son años de cierta estabilidad emocional, ya que es muy querido por casi toda la gente de la Little Italy newyorquina y, especialmente, por Mike O'Rourke, un legendario policía irlandés que le brinda su protección y que lo alienta para que siga progresando en sus estudios.
La tragedia se desata cuatro años después cuando la Mafia ordena el asesinato de O'Rourke. El episodio es sumamente traumático para el pobre John, quien debe nuevamente huir tras verter su primera sangre, la del asesino de su amigo.

Tras un tiempo en el exilio recorriendo el durísimo sur yanqui y topándose inevitablemente con la Mafia en todas sus formas, Savarese retorna a New York desconsolado por su total inutilidad para cualquier actividad de importancia y con los ánimos por el suelo ante el avance incontenible de delincuentes de la misma laya de los que mataron a su familia y a tantos amigos. Son los turbulentos años de la "Ley Volstead" que prohibe la fabricación y venta de bebidas alcohólicas y que abre todo un nuevo campo de Portada inédita de la revista Intervalo presenta Savarese nº7 realizada por Feliciano García Zecchínacción para la Mafia, indirectamente favorecida por ciudadanos comunes que se atienen a la omertá, al silencio, al no te metás.
Empleado en el almacén de un alemán que pretende casar al enclenque siciliano con su obesa hija, traba amistad con Carlo Cuccio, un policía encubierto que lo impulsa a dar el paso más importante de su vida: hacerse yuta.
En la Academia de Policías impresiona a algunos y asquea a otros. Es astuto, inteligentísimo, práctico, pero es también un pésimo tirador y su destreza física es lamentable. Sin embargo, su inquebrantable fuerza de voluntad le permite en poco tiempo salir a la calle con su flamante uniforme policial.
Poco a poco comienza a destacarse. Haciendo caso omiso a las iniciales burlas de sus pares, sobreponiéndose a su desastrosa vida privada -las minas no le dan ni la hora-, asesta un buen par de terribles golpes a la Mafia. Su foto adorna los titulares de todos los diarios, y tal vez por eso no es rechazada su solicitud de ingreso al FBI, la Oficina Federal de Investigaciones que, a las órdenes del joven John Edgar Hoover, presenta guerra sin cuartel al crimen organizado.
Kevin Barrymore, mano derecha de Hoover, se interesa inmediatamente en John Savarese y en otro agente de origen itálico, Mario Turri, quien no tarda en convertirse en el mejor amigo de nuestro antihéroe. La pareja se complementa a la perfección y, por sus conocimientos de primera mano acerca de los métodos de los amici di l'amici, se convierte en pieza fundamental en la lucha contra la Mafia. Asesinos, secuestradores, vendedores de licor y drogas, todos comienzan a odiar y temer al "Dúo Italiano".
George y Kathryn Kelly, Frank Nash, Albert Anastasia, Bonnie y Clide, "Lucky" Luciano, Meyer Lansky, Joe Masseria, Salvatore Maranzano y un enorme etcétera, todos ilustres criminales, a su tiempo van a parar a la cárcel, al cementerio o simplemente ven naufragar sus negocios sucios gracias al impecable accionar de Savarese, más dado al laburo de inteligencia y de prevención que al de distribución de balazos. Sin ir más lejos, es el pequeño siciliano quien, con ayuda de Elliot Ness y sus "Intocables", mete tras las rejas a su viejo conocido e involuntario benefactor, Al Capone. Pero el napolitano no olvida y comienza a madurar su venganza dentro de Alcatraz.
Su éxito como agente estrella del FBI no es gratuito: lo paga con una vida privada lamentable para la que apenas tiene tiempo libre. Si bien nunca tuvo demasiada suerte en asuntos de polleras, todo se va al infierno cuando conoce a su despampanante vecinita danesa Anne-Mette Hojgard, altísimo yiro de los años '30, soberbia calienta braguetas y dueña de una completísima colección de chongos cuyas filas Savarese rápidamente pasa a engrosar. Pero el petiso tiene algo -canta, oh Ricky Maravilla- y la pérfida europea termina enamorándose de él patas y todo. Se inicia así una relación enfermiza, con John bebiendo, fumando y laburando más de la cuenta para intentar sacarse de la cabeza a su amada, y con Anne-Mette, confundida y furiosa consigo misma por haberse enamorado de tamaño perdedor, tratando de matar de celos al sentimental agente federal, quien debe presenciar el incesante desfile de machos que entran y salen de la casa de la blonda. La cosa empeora cuando llega a instalarse a casa de Anne-Mette su deliciosa primita, Ingeborg, otra beldad que también enloquece por el enano y entra en el círculo vicioso para convertirlo en un divertido triángulo amoroso. Matemática aplicada, que le dicen.
Antes de que su cabeza estalle, Savarese debe encarar la misión de su vida cuando el FBI lo envía de viaje tras las huellas de un peligrosísimo asesino que cuenta con el apoyo de un viejo capo mafia. La persecución termina en Graziano, Sicilia, y viene a saberse que el protector del asesino no es otro que Don Fabio, el ejecutor de los Savarese. En un antológico tiroteo en unas pintorescas callecitas -John había llevado consigo a Mario Turri y un par más de durísimos federales-, el criminal y algunos de sus cómplices son abatidos. Pero el último de los Savarese decide no retornar a América; prefiere quedarse a meditar si es conveniente o no ejecutar vendetta en contra de Don Fabio. Cuando por fin decide que tal acción es indigna del hombre de bien en que se ha convertido, las circunstancias lo llevan a ser involucrado en una guerra mafiosa de sucesión que termina con Don Fabio siendo degollado ante sus ojos.
De vuelta en USA, dos acontecimientos -uno que conoce y otro que ignora- cambiarán su vida para siempre: Anne-Mette decide casarse con un veterano al que le sobran los billetes y Al Capone, desde la cárcel, ordena el asesinato de John Savarese. En el peor día de su vida, el siciliano -triste, solitario y final- presencia la boda de la mujer que ama al tiempo que los sicarios de Capone llenan de plomo a Mario Turri al confundirlo con Savarese.
Loco de furia, de pena y de culpa, John se contacta con gente del mafioso "Lucky" Luciano para que, a cambio de la cabeza del zar del crimen Salvatore Maranzano, se haga cargo de boletear a los autores materiales del asesinato de su amigo Mario. Tras esto, el FBI decide licenciar a Savarese y enviarlo como alguacil a Lincoln, un pueblito perdido en Nuevo México. De muy mala gana, el tano acata la decisión de sus superiores y ocupa su nuevo cargo. A esta altura del partido se ha convertido en una piltrafa humana, un borracho desaseado y sin voluntad. Sin embargo, tras frustrar un robo al banco del pueblo y solucionar un par de problemas locales, inicia un lento proceso de resurrección moral.

Ilustración de Dante Ginebra realizada especialmente para la publicación original de esta nota.Pasa el tiempo, el FBI lo olvida, Lincoln desaparece y Savarese no tiene otra que largarse a vagar por el sur yanqui y el norte mexicano. Se emplea como changarín, como lavacopas, como minero; sobrevive. Y esto también representa para él una suerte de limpieza física y moral, porque cuando regresa a New York para reintegrarse al FBI ya ha abandonado el alcohol y el tabaco: es un hombre nuevo.

Estamos a fines de los '30 y "El Siciliano Incorruptible" une fuerzas con otra leyenda de los federales, Sean Falcone, "El Irlandés Fantasma". Se admiran mutuamente y juntos trabajan a la perfección atormentando, especialmente, a los cada vez más populares traficantes de heroína. Decidido a rehacer también su vida privada, John se casa con la fiel y paciente Ingeborg. Al principio, todo marcha inusualmente bien y hasta traen al mundo una hija, Alessandra, pero un Savarese plenamente feliz no es Savarese: Ingeborg se hace adicta a la morfina y su adicción la lleva a una larga agonía, al manicomio y, finalmente, a la muerte.

El siciliano tiene un callo en el alma. Por suerte, su viejo amor, Anne-Mette -que también ha conocido la impiedad de los años y la infelicidad- decide ayudarlo a criar a su huerfanita. Savarese ha descubierto que sólo es bueno para combatir al hampa, así que decide dedicarse exclusivamente a eso... y a esperar que una bala, una bomba en el coche o los años le pongan fin a sus desgraciados días.
Y eso es todo lo que sabemos de él.

CONTAME UNA HISTORIA

Savarese es una obra que, por su calidad, está pidiendo a gritos una reedición definitiva completa, seria y en blanco y negro. Mientras tanto, los lectores impacientes pueden intentar la titánica tarea de completar su colección rastreando las viejas D'artagnan en las cuales la serie se publicó originalmente.
Reediciones parciales y de dudoso buen gusto existen a montones: en los números pares de la revista Nueva Aventura (suplemento columbero que salía en algunos diarios del interior), en la revista Nippur Magnum (entre 1994 y 2000 se reeditaron poco más de una centena de episodios, incluido un apócrifo número cinco, armado con pedazos del capítulo uno y del cuatro; una joya del bizarro), en la Colección Clásicos de Columba (se le dedicaron tres libros con diez episodios cada uno), en la revista Plus Elección (reedición de los primeros episodios de la serie) y en los seis números del comic book Intervalo presenta Savarese (en blanco y negro, con portadas inéditas y un rotulado más potable que el original, nos volvemos a encontrar con los doce primeros episodios).
Tal vez la mejor edición que conoce esta historieta hasta la fecha sea la de la española Detective Story, una antología policial que, desde su primer número (diciembre de 1989) albergó a Savarese, a Dick Tracy y a Harry Nash (otro producto columbero pero de Mazzitelli, Otolini y Pedrazzini) en un formato amplio, en blanco y negro, con rotulado manual e impreso en un papel respetable. Lastimosamente, y al igual que las antes mencionadas, esta aventura editorial no funcionó y la colección se canceló al poco tiempo... Ahora que lo pienso bien ¿este tipo no será yeta?

ARIEL AVILEZ

http://blancasmurallas.com.ar
(vayan los correspondientes agradecimientos a Horacio Mors y a Cacho Mandrafina por su colaboración)


La jugada maestra

Savarese es una de las mejores creaciones de Robin Wood por varios motivos. Uno de ellos son los dibujos de Cacho Mandrafina. Pero quiero detenerme en otro. Robin empieza a escribir la serie sabiendo exactamente adónde quiere ir, qué quiere contar. Y retrocede para darle una base sólida e interesante, creíble, humana y a la vez atrapante. Porque el Robin que escribe Savarese no es el adolescente muerto de hambre que creara Nippur casi diez años antes. Este es un profesional consagrado, con muchas millas encima, con más referencias culturales, con chapa para decir en Columba “Quiero hacer esto” y sea lo que fuera le dieran luz verde. Y sí, es muy probable que después de ver El Padrino de Coppola haya dicho: “Quiero hacer una de mafiosos”, pero es ese retroceder en la historia, ese planteo del personaje desde sus inicios que convirtieron a Savarese en uno de los más recordados de los millares que pasaron por las páginas de Columba. En el Anual 9 de D’artagnan (1976) debuta esta formidable serie con dos episodios juntos. Conocemos ahí a Giovanni, un niño huérfano que va a buscar una vida en América y ya estamos atrapados. Ese perdedor expelido por los criminales y la injusticia italiana debe sobrevivir en una Nueva York terrible y fascinante, con posibilidades para cientos de personajes y miles de historias. ¿En qué se convertirá ese chico? ¿Será –por el olor a la película éxito de esa época- un nuevo capo mafia? Robin ya tenía la respuesta y todo se va armando para llevarnos a eso. Bien podría haber arrancado la historia desde Savarese agente del FBI contra la corrupción, pero hacernos vivir todo ese proceso de crecimiento y acompañar ese destino plagado de aventuras –y desventuras- es LA jugada maestra de Wood en esta serie. Al Capone se cruza con un niño italiano pobre y a la deriva en una metrópoli monstruosa, sin sospechar que su destino será volver a cruzárselo cuando fuera el agente del FBI encargado de su ruina. Las mujeres danesas (obsesión del guionista a más no poder) desfilan en la serie desde temprano y seguirán creciendo a la par del personaje que es recordado más por sus fracasos que por sus logros. Savarese, el perdedor, se ganó al público compartiendo su historia desde lo más remoto, desde lo más íntimo. Y eso, amigos, lo pueden hacer muy pocos perdedores.

Diego Accorsi

 
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